El Salvador es un país que históricamente ha fracasado en las políticas públicas de desarrollo, especialmente en el tema de educación, lo que ha traído terribles consecuencias para los ciudadanos. Los gobiernos en turno no han podido responder a las necesidades de la población, desde el currículo educativo, hasta el diseño de presupuesto en la educación. A nivel institucional para el 2019, al Ramo de Educación se le asignan US$996.4 millones, que equivale el 3.7% del PIB. Apenas un 0.01% más en comparación al 2018 que fue del 3.6% del PIB. Con esa inversión no se alcanza el desarrollo, ni muchos menos una educación de calidad. No existe una cultura de evaluación de impacto en las políticas públicas de educación. En Costa Rica, por ejemplo, constitucionalmente el 8% del PIB se invierte en educación, la tasa de inversión es alta y ese es el primer indicador de desarrollo.
El Gasto público en educación es insuficiente para aspirar al desarrollo, y para garantizar el acceso pleno al sistema escolar, reducir la pobreza, mejorar la inclusión y la equidad de las personas. El gasto público en educación debería ser prioridad, teniendo en cuenta que estudiar en El Salvador es una hazaña. Según datos oficiales, de cada 10 niños que entran a la escuela en primer grado, solo cuatro llega hasta al bachillerato; y solo dos de ellos entrará en la Universidad. Menos del 10% de los salvadoreños que estudian hoy logrará obtener un título universitario.
El impacto de no invertir en educación es gigantesco, alrededor de 777,199 (casi 800 mil) NNA y jóvenes no asisten a la escuela, no tienen acceso a educación, no conocen un libro o un salón de clases y a eso se suma el hecho que más de 79 mil estudiantes, según datos del Mined, abandonaron en 2016 ese sistema educativo de barreras y carencias. Una cifra un poco menor respecto a la del 2015 (87,112). No obstante, esas cifras delatan lo cruel que es impacto de no invertir en educación.
Por otra parte, la propuesta del Consejo Nacional de Educación (CONED), formulada en el Plan El Salvador Educado (PESE), estimó que para lograr el 70 % de cobertura en educación media en 10 años (2016-2026), se requiere de un esfuerzo sistemático de abrir 24,000 plazas por año durante ese decenio, a un costo promedio anual de USD 203.89 millones. Por lo tanto, el país necesita invertir más para aumentar la cobertura del sistema educativo, particularmente en educación media.
Otro factor importante que se debe considerar al invertir en la educación es el contexto de violencia que afronta la niñez de nuestro país, este factor, no se ha tomado en cuenta al momento de diseñar planes educativos. La escuela es el último refugio en una sociedad tan polarizada, desigual y violenta. Debemos de aplaudir el nivel de resiliencia diaria de los estudiantes para regresar a la escuela aun sabiendo que no aprenderán mucho y que lo que aprendan les servirá de poco, debido a la indiferencia de los gobiernos y la apatía de la sociedad. En lugar de tachar o juzgar a la juventud de NINI, (que NI estudian NI trabajan), debemos comprender que la sociedad es NINI, que NI da oportunidades de estudiar, NI da oportunidades de trabajar. La escuela pública agoniza por la apatía de la sociedad y la mala gestión de los gobiernos. Si quisiéramos un país diferente “productivo, innovador y en paz” no cabe duda de que el lugar privilegiado para construirlo es la escuela pública.
Son diversos los factores estructurales en los que hay que incidir para construir un nuevo modelo de desarrollo. Sin embargo, las políticas públicas en la educación necesitan dar respuestas integrales a las necesidades de la población y el interés por la niñez, y en especial los grupos de niños marginados y desfavorecidos, debe ser el eje primordial en la planificación y la adopción de decisiones, en particular presupuestarias. Si se invierte en educación se invierte en el desarrollo. No obstante el modelo de crecimiento y no de desarrollo, impide que nuestro país salga adelante. Debemos comenzar cuanto antes a transitar el camino difícil y luchar por el futuro sostenible de nuestro país.












